El día que el FBI acorraló a Osho, el gurú del sexo: una fortuna en joyas y un avión que no llegó a despegar

El tipo escapaba como en una road movie policial. Viajaba de noche por caminos secundarios, acompañado apenas por unos pocos fieles dispuestos a seguirlo hasta las últimas consecuencias.

La justicia federal de los Estados Unidos lo buscaba por un largo rosario de delitos: lavado de dinero, engaño a las autoridades migratorias, sometimiento de personas a situación de esclavitud, armado de una suerte de ejército privado para aislar sus territorios como si se trataran de países independientes, presiones a vecinos de un tranquilo pueblo de Oregon para que se desprendieran de sus tierras y así ampliar su imperio e, incluso, de un ataque bacteriológico utilizando salmonella en lo que técnicamente podía calificarse de bioterrorismo.

Sin embargo, a primera vista, el aspecto del tipo parecía totalmente discordante con los crímenes de los que se lo acusaba. No vestía uniforme de camuflaje como los fundamentalistas blancos que no reconocían al gobierno de los Estados Unidos, tampoco un traje de miles de dólares como un empresario lavador de dinero, menos todavía se lo podía identificar con la imagen emblemática de un terrorista dispuesto a eliminar a una población entera con armas químicas.

Nada de eso: su aspecto era el de un maestro apacible, cargado de espiritualidad y poseedor de un aura de paz y amor capaz de seducir a miles de personas cuando la irradiaba.

Esa era la imagen con que se lo conocía, mientras su cara oculta – la verdadera – solo había sido denunciada por unos pocos, casi siempre alguna de las víctimas que había escapado de sus garras.

Aunque, quizás, en esa huida no mostrara esa cara pacífica y amorosa, sino que más bien se lo viera desesperado porque si lo atrapaban terminaría en la cárcel.

El tipo había nacido en la India como Chandra Mohan Jain, pero a lo largo de su vida había utilizado muchos otros nombres, entre ellos de Bhagwan Shree Rajneesh que llevaba escrito en su pasaporte, pero casi todo el mundo lo conocía por la identidad que se había sabido construir: la de Osho, el gran maestro espiritual.

Era el rostro que él mismo y un eficaz aparato de marketing habían querido mostrar: la del gurú de la libertad sexual, best seller en el mercado de los libros new age, capaz de criticar a Mahatma Gandhi por su “exaltación de la pobreza” y de decir que la vida espiritual no debía estar peleada con el dinero, como lo demostraban sus posesiones terrenales, entre ellas una flota de 93 Rolls Royce.

El tipo había nacido en la India como Chandra Mohan Jain, pero a lo largo de su vida había utilizado muchos otros nombres, entre ellos de Bhagwan Shree Rajneesh que llevaba escrito en su pasaporte, pero casi todo el mundo lo conocía por la identidad que se había sabido construir: la de Osho, el gran maestro espiritual (Sondeep Shankar/Getty Images)El tipo había nacido en la India como Chandra Mohan Jain, pero a lo largo de su vida había utilizado muchos otros nombres, entre ellos de Bhagwan Shree Rajneesh que llevaba escrito en su pasaporte, pero casi todo el mundo lo conocía por la identidad que se había sabido construir: la de Osho, el gran maestro espiritual (Sondeep Shankar/Getty Images)

Detenido a último momento

Llevaba cuatro días de escape exitoso el 27 de octubre de 1985, durante los cuales había dormido de día y viajado de noche para que no lo reconocieran, cuando llegó al lugar donde lo esperaba el avión que lo sacaría de los Estados Unidos y lo pondría definitivamente a salvo de sus perseguidores, esos agentes del mal que portaban armas y unas placas brillantes con la sigla FBI.

Eran los agentes de quienes los perseguían y había denunciado: los políticos, los sacerdotes, los padres de familia a los que había separado de sus hijos.

“No es simplemente accidental que los sacerdotes estén en mi contra, los políticos estén en mi contra, los padres estén en mi contra, que todo el sistema esté en mi contra; no es accidental. Puedo entender con absoluta claridad la lógica de esto. Estoy tratando de deshacer lo que ellos han hecho. Estoy saboteando todo el modelo de esta sociedad de esclavos”, decía de ellos.

Estaba a punto de escapar de sus garras. Ya estaba a bordo del lujoso Learjet, a punto de carretear por la pista del pequeño aeropuerto de Charlotte, en Carolina del Norte, cuando el piloto debió apagar los motores porque el avión quedó rodeado de autos de los que bajaron agentes más de una decena de agentes federales fuertemente armados.

Lo vieron bajar por la escalerilla del avión y detener sus pasos un momento para mirar hacia el horizonte: quizás estuviera queriendo grabar en su retina una de sus últimas imágenes de esa libertad de la que tanto hablara o, tal vez, como dicen que sucede con los moribundos, haya el camino que lo había llevado desde la India hasta ahí.

Estudió filosofía en la Universidad de Sagar y en 1958 comenzó a enseñar la materia en la Universidad de Jabalpur, donde fue promovido a catedrático dos años después (Sondeep Shankar/Getty Images)Estudió filosofía en la Universidad de Sagar y en 1958 comenzó a enseñar la materia en la Universidad de Jabalpur, donde fue promovido a catedrático dos años después (Sondeep Shankar/Getty Images)

El niño rebelde de Bophal

Osho nació con el nombre de Chandra Mohan Jain y fue el primero de once hermanos, hijos de un comerciante de telas de Bophal, India. Cuando ya había construido su personaje espiritual contaría que esos años fueron determinantes en su vida, porque lo dejaron crecer con libertad.

En la escuela secundaria se destacó como muy buen estudiante, pero también como un polemista feroz, que debatía tanto con sus compañeros como con sus maestros. Eso le costó que lo echaran de varios colegios, hasta que el último de ellos, el Jainista, en Jabalpur, le permitió dar exámenes libres sin tener que asistir a las clases.

Estudió filosofía en la Universidad de Sagar y en 1958 comenzó a enseñar la materia en la Universidad de Jabalpur, donde fue promovido a catedrático dos años después.

Al mismo tiempo, comenzó a viajar por todo el país bajo el nombre de “Acharia Rajnísh”, dando conferencias críticas acerca del socialismo y Gandhi. Sus argumentos sobre Gandhi se basaban principalmente en una crítica hacia la romantización de la pobreza como modo de vida que llevaba hacia la pureza del alma. También criticó a las religiones ortodoxas de la India a las que calificaba de “muertas”, llenas de rituales vacíos, que oprimían a sus seguidores con los miedos de ser condenados.

De ahí a crear su propia filosofía espiritual había un solo paso.

El sexo como camino espiritual

Así se largó a dirigir encuentros de meditación, que duraban entre 3 y 10 días, donde además daba unas charlas para elevarse “del sexo a la superconciencia”, donde proponía una aceptación más libre de la sexualidad. La prensa india empezó a llamarlo el “gurú del sexo”.

También planteaba que la religión era un arte para disfrutar de la vida y el sexo una herramienta para hacerlo, lo que unía a fuertes críticas a las religiones convencionales, a las que acusaba de proponer vidas miserables a sus feligreses.

Enseñaba su propia técnica de meditación, a la que llamó “Meditación Dinámica”, una práctica en cinco fases que llevaban a liberar los sentimientos en oposición al silencio y la quietud que proponían otras formas.

El 26 de septiembre de 1970 inició su primer grupo de discípulos o “neo-sanniasins” en esta técnica de meditación y cuatro después fundó su primera casa de esa actividad, o ashram, en PuneEl 26 de septiembre de 1970 inició su primer grupo de discípulos o “neo-sanniasins” en esta técnica de meditación y cuatro después fundó su primera casa de esa actividad, o ashram, en Pune

El 26 de septiembre de 1970 inició su primer grupo de discípulos o “neo-sanniasins” en esta técnica de meditación y cuatro después fundó su primera casa de esa actividad, o ashram, en Pune.

Allí, además de la “Meditación Dinámica” empezó a desarrollar prácticas de sexo libre entre los asistentes y también otros tratamientos – los llamó terapias – que requerían el uso de la violencia, como contracara del silencio y la quietud. Llegó a haber heridos entre los participantes, ya que no se trataba de simular violencia sino de ejercerla sobre los demás, incluso con palos.

Mientras tanto, el dinero de los discípulos entraba a raudales en el ashram de Pune, donde Osho seguía planteando que la elevación espiritual que permitía alcanzar la felicidad no era opuesta al dinero, sino todo lo contrario. Se calculaba que unas 30.000 personas por año iban al ashram a recibir las enseñanzas de maestro y agradecían dejando su óbolo.

Así llegó a finales de la década de los ‘70, cuando las autoridades indias empezaron a vigilarlo. La investigación comenzó por el uso de la violencia en las sesiones terapéuticas, pero pronto se descubrió que en el ashram también se comercializaban drogas.

Era hora de buscar nuevos destinos y Osho puso la mira en los Estados Unidos.

La tierra prometida

El 13 de junio de 1981, Swami Prem Chinmaya, el marido de la asistente principal de Osho, Ma Anad Sheela compró por 5.75 millones de dólares un rancho con un terreno de 260 kilómetros cuadrados, ubicado entre los condados de Wasco y Jefferson, en Oregon. Lo llamaron “Rancho Rajnísh”.

Osho llegó el 29 de agosto, luego de entrar a los Estados Unidos con una visa de turista y se instaló allí. Para entonces, había cientos de discípulos que habían llegado de diferentes lugares del planeta.

Osho llegó el 29 de agosto de 1981, luego de entrar a los Estados Unidos con una visa de turista y se instaló allí. Para entonces, había cientos de discípulos que habían llegado de diferentes lugares del planeta.Osho llegó el 29 de agosto de 1981, luego de entrar a los Estados Unidos con una visa de turista y se instaló allí. Para entonces, había cientos de discípulos que habían llegado de diferentes lugares del planeta.

Allí, en lugar de dar sus encendidas conferencias y conducir las terapias, el maestro se guardó a silencio, una verdadera mudez que duraría tres años. Mientras tanto, bajo las órdenes de Sheela, los discípulos trabajaron como mano de obra prácticamente esclava para construir las enormes instalaciones del ashram. Había máquinas de todo tipo, la inversión era multimillonaria.

Sheela dirigía prácticamente todo. De tanto en tanto, Osho se comunicaba con sus seguidores mediante un video. Vivía recluido en su refugio dentro del rancho y cuando salía – muy pocas veces – solamente sonreía y saludaba.

El silencio de Osho creó conflictos dentro del propio ashram, donde había descontentos por el accionar del grupo dirigente que obedecía a Sheela, que fungía como representante del maestro, aunque Osho nunca dijo que lo era.

Para solucionar el conflicto, Sheela creó su propio ejército privado. La excusa fue la relación cada vez más tirante con los habitantes del pueblo vecino, que rechazaban la creciente influencia del ashram, pero los hombres armados que respondían a la asistente del maestro también controlaban el trabajo de los discípulos, e incluso les impedían salir de los límites del rancho.

De maestro a bioterrorista

Las versiones son contradictorias. Sheela dijo que fue idea del maestro Osho, el gurú diría después que jamás había conversado el tema con ella. La cuestión fue que para 1982 surgió dentro del ashram el proyecto de transformar el campamento en una ciudad, a la que se llamaría Rajnishpuram, incorporando dentro de ella al pueblo más cercano, The Dalles.

Los habitantes de The Dalles, con las costumbres conservadoras de los Estados Unidos profundos y dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería en pequeñas parcelas, ya veían con malos ojos la llegada de esa suerte de hippies que se habían instalado en el antiguo “Rancho del Lodo”, como se llamaba antiguamente a los terrenos del ashram, y cuando se les propuso la idea se opusieron de manera casi unánime.

Los habitantes de The Dalles, con las costumbres conservadoras de los Estados Unidos profundos y dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería en pequeñas parcelas, ya veían con malos ojos la llegada de esa suerte de hippies que se habían instalado en el antiguo “Rancho del Lodo”Los habitantes de The Dalles, con las costumbres conservadoras de los Estados Unidos profundos y dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería en pequeñas parcelas, ya veían con malos ojos la llegada de esa suerte de hippies que se habían instalado en el antiguo “Rancho del Lodo”

Sheela no se amilanó e hizo traer a personas sin techo de distintas ciudades del estado con la promesa de darles viviendas. La idea era que votaran a favor de un candidato del ashram en las siguientes elecciones municipales para que, desde la alcaldía, impusiera la creación de la nueva ciudad.

La movida salió mal y los indigentes terminaron deambulando por The Dalles sin que nadie se ocupara de ellos hasta que las autoridades de Oregon los “repatriaron” a sus lugares de origen.

Para entonces, la situación dentro del ashram había empeorado. La mayoría de los discípulos no estaba de acuerdo con los planes de expansión, simplemente querían meditar. Tampoco querían seguir trabajando como bestias sin recibir nada a cambio. Cuando lo plantearon en una asamblea, la respuesta de Sheela fue incrementar las fuerzas de su ejército privado.

Ella – o quizás Osho – tenía un nuevo plan. Si los habitantes de The Dalles no aceptaban la creación de la nueva ciudad por las buenas, deberían hacerlo por las malas, y esas malas podían incluir la evacuación forzada o la muerte.

A fines de 1983, un grupo del entorno de Sheela contaminó con salmonella la red de agua potable de The Dalles. Se desató una crisis sanitaria: la mayoría de los habitantes del pueblo se enfermó, aunque no se produjeron muertes.

Fue el primer caso confirmado de terrorismo químico o biológico perpetrado en los Estados Unidos.

La Justicia en acción

Después del atentado, Osho decidió salir de su mutismo para decir que él no tenía nada que ver ni con la contaminación del pueblo, ni con el ejército privado dentro del ashram ni de otros delitos que ya estaban siendo investigados por el FBI. Que esas habían sido decisiones y acciones de Sheela.

Para entonces, la que había sido su asistente principal y discípula preferida estaba en Europa, acompañada por su entorno.

Después del atentado, Osho decidió salir de su mutismo para decir que él no tenía nada que ver ni con la contaminación del pueblo, ni con el ejército privado dentro del ashram ni de otros delitos que ya estaban siendo investigados por el FBIDespués del atentado, Osho decidió salir de su mutismo para decir que él no tenía nada que ver ni con la contaminación del pueblo, ni con el ejército privado dentro del ashram ni de otros delitos que ya estaban siendo investigados por el FBI

Durante los meses que siguieron, sus abogados intentaron primero detener las investigaciones y luego evitar la detención del “gurú del sexo”, pero sus recursos legales se fueron agotando.

El 23 de octubre de 1985, una corte federal emitió la orden de detención de Osho por 35 cargos. El menos grave pero más eficaz era que había entrado a los Estados Unidos con visa de turista y cuatro años después permanecía ilegalmente en el país.

Osho y un grupo de discípulos elegidos huyeron del ashram esa misma noche, mientras se armaba un operativo para sacarlo del país. Casi lo logra: como se dijo al principio de esta nota, el 27 de octubre el FBI logró detener el avión privado en el que pretendía huir cuando ya tenía los motores encendidos para despegar.

En su poder tenía 58.000 dólares en efectivo y joyas por valor de más de un millón.

Preso y juzgado

El “maestro” fue separado de sus discípulos y pasó siete días detenido en la ciudad de Charlotte, desde donde lo enviaron a Oklahoma. Allí, el gurú fue retenido, incomunicado y forzado a registrarse bajo el seudónimo de David Washington en la cárcel, supuestamente para su protección.

“Creo que intentaban matarme. Si alguien mataba a un preso llamado David Washington a nadie le importaría. Matar a Osho, en cambio, habría sido un escándalo”, dijo después.

Diez días después, comenzó el juicio en Portland. Sus abogados lograron un acuerdo por el cual se declaró culpable de dos de los 35 delitos que se le imputaban, los más fáciles de probar y con penas más leves.

El tribunal le concedió una sentencia suspendida de diez años, cinco años de libertad condicional y una multa de 400 mil dólares por costos de sanciones y procesamientos, además de la obligación de salir de los Estados Unidos y no regresar durante al menos cinco años sin el permiso del fiscal general.

La aventura norteamericana de Osho había terminado.

Las autoridades indias permitieron que volviera a Pune, en el antiguo “ashram”. Su salud estaba ya muy deteriorada por la diabetes.Las autoridades indias permitieron que volviera a Pune, en el antiguo “ashram”. Su salud estaba ya muy deteriorada por la diabetes.

De amado a rechazado

El problema era que ningún país lo quería. Las autoridades indias se negaron en un principio a recibirlo, por lo cual Osho emprendió una suerte de gira mundial buscando donde recalar y ser aceptado.

Casi lo logra en Uruguay, donde estuvo dos semanas y pretendió comprar una casa el Punta del Este para que el gobierno le otorgara la residencia.

Estaba a punto de hacer la operación inmobiliaria cuando una llamada desde Washington al presidente Julio María Sanguinetti frenó todo. Le dieron una opción sencilla: si le daban residencia al gurú, una deuda que Uruguay tenía con Estados Unidos debía ser pagada inmediatamente y no se autorizarían más préstamos.

Finalmente, las autoridades indias permitieron que volviera a Pune, en el antiguo “ashram”. Su salud estaba ya muy deteriorada por la diabetes.

Murió allí el 19 de enero de 1990. Algunos de sus discípulos sostienen que fue porque hubo visitantes al “ashram” que le tiraron malas energías; otros siguieron hablando de una droga desconocida que le inyectaron en la cárcel de Oklahoma.

En su tumba hay un epitafio que reza: “Osho Nunca Nació, Nunca Murió, Solo Visitó este Planeta Tierra entre el 11 de diciembre de 1931 y el 19 de enero de 1990″.

Tal vez allí, en esa tumba, haya experimentado lo que siempre decía a sus seguidores sobre la posibilidad de vivir sin temores: “Es natural sentir miedo cuando estás entrando en algo desconocido. Cada aventura trae sus propios miedos. Si uno quiere vivir sin miedos, sólo puede vivir en la tumba”, sentenciaba el maestro espiritual que llegó a lo más alto con las maniobras y las armas de un experto delincuente.