Desde que Alberto suspendió las clases presenciales, los contagios aumentaron un 65 por ciento

Los resultados arrojados por el propio ministerio de Salud nacional fueron decepcionantes para la gestión de Alberto Fernández y preocupantes para su círculo de asesores que, a pesar de haberse autobautizado “un gobierno de expertos”, sus fracasos en la lucha contra el coronavirus son cada día más resonantes.
En efecto, el indicador de crecimiento oficial marcó la escalofriante cifra de 323.017 casos en las últimas dos semanas, mientras que en los 15 días previos se acumularon 195.636, poco más de la mitad. Esto implica un aumento de 65 por ciento en los últimos catorce días.

El capital político del gobierno nacional comienza a escasear. Las últimas restricciones parecieran haber sido decididas de una forma improvisada y hasta sus propios asesores científicos confesaron no haber sido consultados en las decisiones. Aseguraron, incluso, que “las medidas que tomó el presidente no tienen ninguna base científica”.
Partiendo de una base del 81 por ciento de aceptación en marzo del 2020, hoy las medidas de Fernández reciben un rechazo masivo, con marchas de protesta en todo el país y un aluvión de medidas judiciales tendientes a desobedecer sus órdenes.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires logró torcerle el brazo y continuar con las clases presenciales. Veintidós de las veinticuatro provincias del país alabaron sus medidas pero decidieron no aplicarlas en su territorio. El poder político del gobierno nacional pareciera ser cada vez más frágil.
La suspensión de las clases presenciales fue una jugada arriesgada del presidente Fernández. Impopular en extremo, la medida fue rechazada por gran parte de los territorios afectados. La única salida al conflicto era un triunfo resonante de la estrategia. El resultado, sin embargo, fue desastroso. Además de aumentar un 65 por ciento la cantidad de contagios, la tasa de positividad pasó de un 20 por ciento a un 40, en tan sólo 15 días.

La estrategia sanitaria oficial pareciera pasar su peor momento. El gobierno se las arregló para pasar de ser “el ejemplo del mundo” por sus medidas anticipadas, a tener la cuarentena más larga e inútil del planeta, un 40 por ciento de positividad y un aumento descontrolado en los contagios.